Sitios de Interes
 
Objetivo
Colaborar en un con la misma iglesia
En comunidad
Que transmita el espíritu de la cruz.
Con su vida y testimonio
En lo espiritual, y en lo temporal.
Formando una verdadera unidad.
Que los impulse en su entrega a Cristo
Siendo fermento, raíz, cimiento
Colaborar en un con la misma iglesia.

La historia que hemos vivido a través de los siglos y en la de nuestros días, nos presenta a una Iglesia que ésta en crisis, acentuada ésta mas hoy – al menos así lo sentimos – porque es, sin duda, la crisis de nuestro tiempo.

            El Papa Juan Pablo II nos invita a caer en la cuenta de ello cuando  nos dice: ¿Cómo no hemos de pensar en la persistente difusión de la indiferencia religiosa y del ateismo en sus más diversas formas, particularmente aquella hoy día mas difundida del secularismo? Embriagado por las prodigiosas conquistas de un irrefrenable desarrollo científico técnico, y fascinado sobre todo por la mas antigua y siempre nueva tentación de querer llegar a ser como Dios (cf. Gen. 3, 5) mediante el uso de una libertad sin limites, el hombre arranca las raíces religiosas que están en su corazón: se olvida de Dios, lo considera sin significado para su propia existencia, lo rechaza poniéndose a adorar los mas diversos ídolos”

“Es verdaderamente grave – continua diciendo el Papa – el fenómeno del secularismo; y no sólo afecta a los individuos, sino que, en cierto modo, afecta también a comunidades enteras… varias veces yo mismo he recordado el fenómeno de la descristianización que aflige a los pueblos de antigua tradición cristiana y que reclama, sin dilación alguna, una nueva evangelización.” (Christifideles Laici No. 4).

Podemos decir que el mero corazón de la iglesia esta en crisis. El sacerdote, en efecto, es cabeza y corazón de la Iglesia, tal y como la pensó y fundó el Señor.

Me parece muy iluminador a este respecto lo que el P. Javier Asencio Dávalos, Fundador de la Escuela de la cruz, escribió al Cardenal Pironio el 4 de Enero de 1995.

            “La iglesia en México se encuentra en serias dificultades debido a la carencia de sacerdotes. Los protestantes cuentan con gran cantidad de pastores varones casados (casi siempre hay un pastor o mas en cada pueblo); el sacerdote visita a cada pueblo, a veces una vez al año y sólo durante unas horas; en cambio, el pastor permanece y trabaja continuamente en el lugar. Este problema es tan agudo, que año con año se ve desaparecer a la Iglesia de extensas regiones, devorada por una infinidad de sectas. Como la falta de sacerdotes es cada día mas patente, el crecimiento del “ateismo contemporáneo” y del protestantismo, son geométricos; en la misma proporción, lo es la muerte de la iglesia.” (Cf. Carta citad).

Con estas dos citas basta para poder entender que la Iglesia pide a gritos ayuda para superar sus crisis y dar una respuesta más fiel a los desafíos de una sociedad dinámica y cambiante.

La Escuela de la cruz, con humildad, pero con valentía, sale al quite y ofrece a la iglesia colaborar con su granito de arena para crear nueva Humanidad, que tanto anhela, y establecer en el mundo la civilización del amor.

Colaborar en la Iglesia

            A los ojos de todo católico se abre un mundo inmenso donde más de cuatro mil millones de hombres y mujeres no se han incorporado a la Iglesia de Jesucristo.
Por eso me urge que cada uno de los bautizados tomemos conciencia de nuestra responsabilidad misionera “adgentes” (hacia la gentilidad).

            La Escuela de la cruz, como Asociación Evangelizadora, “Nos hace tomar conciencia de que nuestra comunión es misionera, y que es en la evangelización donde se concentra y se despliega la entera misión de la Iglesia y la comunión representa a la vez a la fuente y el fruto de la misma: la comunión es misión y la misión es para la comunión.”

            El Objetivo de la Escuela de la cruz NO va directamente a dar una respuesta a esta exigencia de evangelización misionera, a la Escuela de la cruz le preocupan los que están dentro de la Iglesia, y que, como acabo de decir, están enfermos, están en crisis. A éstos quiere atender. Por eso se dice: en, dentro de la misma Iglesia.

            Esto lo entendemos mejor si comparamos a la Iglesia con un árbol. El árbol tiene raíz, tronco, sabia y ramas.

            La Escuela de la cruz colabora EN la Iglesia porque está dentro de ella, forma parte de ella, más aún su lugar está en la raíz del árbol, siente, vive, palpita con todo el árbol, es decir, con toda la Iglesia.

Los miembros de la Escuela de la Cruz deben “crear conciencia de compromiso y de cuerpo, en el que todos los órganos o miembros se ayuden entre sí, laboren juntos, colaboren para que el bien común, sin considerarse ninguno mejor que los otros, mucho menos exclusivo o único. Es preciso crear conciencia de comunidad, de comunidad de comunidades, crear conciencia de Iglesia, construida por nosotros, y en la cual, y para la cual, todos colaboremos… Todo lo que no se realice en el seno de la Iglesia, a su servicio, es cáncer; muerte.”

Colaborar en la Iglesia

            La Iglesia está conformada por la Jerarquía y los fieles cristianos laicos. El asunto de la evangelización había estado solamente en manos de la Jerarquía. Podemos decir que los laicos, por ignorancia o porque no les habían dado la oportunidad, se habían mantenido ajenos a esta hermosa y apremiante tarea, y más los hombres que las mujeres.

            Al celebrarse el Concilio Vaticano II (del 11 de Octubre de 1962 al 8 de Diciembre de 1965) hubo un llamado fuerte, apremiante, a todos los católicos del mundo, a todos, no sólo a las mujeres, para que asumieran su responsabilidad en la vida de la iglesia. Con el Concilio se inició una nueva era: la era de los laicos.

El Papa Juan Pablo II hizo razonar su voz en todos los rincones de la tierra, por medio de su Exhortación Apostólica “Christifideles Laici” (Los fieles laicos) sobre la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo, presentando a la Iglesia como una viña que requiere atención y haciendo un llamado a todos los bautizados: “vayan también ustedes a mi viña.” Mateo 20,3-4).

            “La llamada –afirma el Papa- no se dirige sólo a los Pastores, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, sino que se extiende a todos: también los fieles laicos son llamados personalmente por el Señor, de quien recibe una misión a favor de la Iglesia y del mundo.” (CFL No. 2). Y el Papa insiste en que la llamada es personal: “En verdad, cada uno es llamado por su nombre, en la unicidad e irrepetibilidad de su historia personal, a aportar su propia contribución al advenimiento del Reino de Dios. Ningún talento, ni siquiera el más pequeño, puede ser escondido o quedar inutilizado (Cf. Mateo (24,25 – 27).” (CFL No. 56).

Casi al terminar el Concilio, nace la Escuela de la cruz (10 de Enero de 1965) que ya antes se venia gestando, para dar una respuesta a ese llamado, y se pone a las órdenes de la Iglesia Jerárquica.

            La Escuela de la cruz colabora CON la Iglesia en cuanto que es una de las 120 Asociaciones reconocidas por ella y que son como ramas que brotan del único árbol, con su fisonomía y su misión muy especiales que las hace ser distintas entre sí.

            La misión de la Escuela de la cruz es la evangelización al interior mismo de la Iglesia, dejando la catequesis para otras asociaciones.

            CON la Iglesia, decimos, porque el cruzado está inseparablemente unido a la Jerarquía: Papa, Obispo, Párroco, de quienes recibe la Palabra de Dios que lo conecta con Jesucristo.

                      
Engendrar comunidades de Apóstoles

Esta es  una obra delicada que realiza la Escuela por medio de los equipos interdiocesanos, diocesanos y parroquiales, así como de los equipos de Escuelas o Cursos.

En efecto, su tarea es evangelizar, es decir ENGENDRAR a Cristo en los hombres y ACOMPAÑARLOS  en su crecimiento intelectual y espiritual, de tal manera que tengamos apóstoles seglares comprometidos, que lleven en adelante el nombre de cruzados.

            Estos asumirán con entusiasmo “La gloriosa tarea de trabajar par que el mensaje divino de la salvación sea conocido y aceptado en todas las partes por todos los  hombres.” (Apostolicam Actuositatem No. 3)

            Pablo VI los caracterizó como cristianos que, habiendo sido evangelizados, evangelizan a la vez, diciendo que “es impensable que un hombre haya acogido la Palabra y se haya entregado al reino sin convertirse en alguien que a su vez da testimonio y anuncia.” (E.N. No. 24)

            Con estos seglares, la Iglesia está tomando fuerza. Por eso vemos ala Escuela de la cruz con mucha esperanza y con un gran respiro de alivio, pues el sacerdote se siente acompañado, fortalecido y mas eficiente, ya que cuenta con laicos a quienes puede enviar con autoridad a las distintas comunidades, sobre todo las mas alejadas de la cabecera parroquial, sintiéndose éstas acompañadas de esta manera por su sacerdote.